¿Siguen vivos los estereotipos de género en el siglo XXI?
Marta Fraile, Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC); Paula Zuluaga, Departamento de Ciencia Política (UAB)
Proyecto financiado en la convocatoria para apoyar proyectos de investigación sobre la realidad social de los jóvenes (FS22-1B)
Este estudio analiza la forma en la que la ciudadanía percibe los rasgos de personalidad que tradicionalmente se asocian a hombres y a mujeres, así como los roles que estos ocupan en la sociedad. Los resultados indican que los estereotipos de género siguen vivos y coleando, especialmente en el grupo entre 26 y 40 años. Es en esta franja de edad cuando se experimentan muchos de los eventos que sitúan a las personas definitivamente en el mundo adulto (tales como incorporarse al mundo laboral, formar una familia o tener descendencia), lo que podría impulsar a asumir e interiorizar reglas sociales tradicionales.
Puntos clave
1
Al responder hasta qué punto un listado de atributos definen su personalidad, los hombres señalan en mayor medida que las mujeres el liderazgo, el emprendimiento o la ambición, mientras que las mujeres indican la empatía, el afecto o la comprensión, especialmente en el grupo entre 26 y 40 años.
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Los estereotipos de género se confirman, puesto que quienes participan en nuestro estudio consideran que las mujeres son típicamente más empáticas, comprensivas y afectuosas que los hombres.
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Las concepciones masculinas de liderazgo (tanto en el trabajo como en la esfera política) parecen estar menguando. Sin embargo, los cuidados en la familia se siguen percibiendo como roles asociados a mujeres y desempeñados por ellas de forma mayoritaria.
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Perdura la percepción estereotipada de género de las profesiones, aunque de forma más pronunciada para el caso de aquellas consideradas tradicionalmente femeninas, como las del sector sanitario o educativo.
Los estereotipos de género siguen vivos y coleando
Los estereotipos de género son ideas preconcebidas que de forma consciente o inconsciente se tienen sobre las características, los comportamientos y los roles que hombres y mujeres presentan en la sociedad. Estas ideas perfilan a las mujeres como comprensivas, empáticas, conciliadoras, cuidadoras (lo que se conoce en la literatura especializada como rasgos «comunales»), mientras que los hombres se conciben como emprendedores, competitivos, seguros de sí mismos, con capacidad de liderazgo (es decir, rasgos «agénticos» de acuerdo con Eagly y Wood, 2016). La teoría de los roles sociales (Eagly y Karau, 2002) sugiere que estos estereotipos son el resultado de los distintos papeles que hombres y mujeres han ocupado tradicionalmente y siguen ocupando en la sociedad en la actualidad. Los estereotipos pueden ser perjudiciales cuando limitan la capacidad de la gente para desarrollar sus habilidades personales o tomar determinadas decisiones en su vida relativas a su formación o a su profesión (Ellemers, 2018). ¿Hasta qué punto las personas (especialmente las más jóvenes) se identifican con los rasgos y roles que tradicionalmente se esperan de mujeres y hombres?
En este artículo se presentan los resultados de la encuesta en línea GenYstereo, realizada entre el 16 y el 29 de diciembre de 2022 en todo el territorio del Estado español a 5012 participantes, que constituyen una muestra representativa de la población española entre 16 y 75 años.
1. ¿Hombres de Marte y mujeres de Venus? La persistencia de los estereotipos de género en la forma en que la ciudadanía atribuye rasgos de personalidad a hombres y mujeres
Los gráficos 1.a y 1.b muestran las diferencias entre hombres y mujeres en el grado en el que se identifican con 16 cualidades personales, de acuerdo con la pregunta: «Piensa en los siguientes rasgos que definen la personalidad de la gente, ¿hasta qué punto crees que te definen a ti como persona? Indica una puntuación entre el 0 (no soy así en absoluto) y el 10 (soy totalmente así)». En los gráficos 1.a y 1.b, el valor 0 indica ausencia de diferencias del valor medio de la respuesta de hombres y mujeres; los valores medios positivos sugieren que los hombres se identifican en mayor medida con esas cualidades, y los negativos, que las mujeres se identifican más con esos rasgos.
Las primeras ocho cualidades se refieren al desarrollo de la realización personal y el liderazgo, y se asocian tradicionalmente a la idea de masculinidad: ambición, competición, conflicto, emprendimiento, independencia, liderazgo, asunción de riesgo y seguridad. En cambio, los últimos ocho atributos están orientados hacia la consideración del bienestar de los demás y se asocian más típicamente a la idea de feminidad: afecto, amabilidad, comprensión, empatía, saber escuchar, preocuparse por lo que piensen los demás o por su bienestar, y preocuparse por el aspecto físico (Trapnell y Pauhuls, 2012).
El gráfico 1.a muestra que por término medio los hombres se identifican en mayor medida que las mujeres con los rasgos agénticos, especialmente la competición, el riesgo y el liderazgo, con la única excepción de la independencia. En cambio, las mujeres se identifican con los atributos comunales, especialmente la empatía y la preocupación por el bienestar de los demás. El gráfico 1.b muestra las mismas diferencias de género en la identificación con los distintos rasgos de personalidad por grupos de edad y sugiere que las diferencias son muy pequeñas en el grupo de los más jóvenes (salvo en la empatía y el bienestar de los demás), mientras que el grupo entre 26 y 40 años presenta diferencias de género de mayor envergadura.
El gráfico 2 resume las respuestas a la pregunta «En general, ¿consideras que cada uno de estos 16 rasgos de personalidad son más típicos de hombres o de mujeres?», que podían variar entre «más típico de hombres», «más típico de mujeres» y «de hombres y mujeres por igual». En concreto, las barras a la derecha indican el porcentaje de quienes declaran que los ocho rasgos agénticos son más típicos de hombres, mientras que las barras a la izquierda indican el porcentaje de quienes piensan que los ocho rasgos comunales son más típicos de mujeres. El porcentaje de respuestas con una visión tradicional de los rasgos típicamente femeninos en la sociedad es mayor que el de los masculinos (ver porcentajes correspondientes a las barras a la izquierda en comparación con los de las de la derecha). Por ejemplo, hasta un 30% del total de participantes declaran que escuchar a los demás o cuidar mucho la imagen física es un rasgo típico de mujeres. En cambio, de todos los rasgos percibidos como típicamente masculinos, solo en uno ellos (la predisposición a asumir riesgos ) el porcentaje de respuesta supera con creces el 20%. Es más, en el caso de algunos rasgos masculinos tales como la independencia, el liderazgo o la seguridad, los porcentajes de respuesta disminuyen por debajo del 10%.
2. Divisando algún cambio en los roles asociados a hombres y mujeres
Los estereotipos de género también pueden medirse a partir de la percepción de los roles que hombres y mujeres desempeñan en la sociedad (Ellemers, 2018). Preguntamos a quienes participaron en nuestro estudio: «Algunas personas piensan que hombres y mujeres tienen diferentes habilidades y talentos. En las siguientes situaciones, ¿quién crees que está mejor preparado/a para...?». Las respuestas iban desde «Más los hombres sin duda alguna» a «Más las mujeres sin duda alguna», pasando por «Algo más los hombres», «Hombres y mujeres por igual» y «Algo más las mujeres».
El gráfico 3 muestra las diferencias entre hombres y mujeres en el porcentaje de participantes que piensan que las mujeres están mejor preparadas para cuidar mayores o familiares enfermos, y cuidar a los hijos pequeños (es decir, categorías de respuesta “algo más las mujeres” y “más las mujeres sin duda alguna" ), y el porcentaje de participantes que piensan que los hombres están mejor preparados (“algo más los hombres” y “más los hombres sin duda alguna”) para liderar equipos de trabajo, ser portavoz de un partido político o poner en marcha una nueva idea comercial (start-up). Los resultados son ambivalentes. Por un lado, los porcentajes generales de respuesta para los roles tradicionalmente asociados a los hombres (tales como liderar equipos o poner en marcha una nueva idea comercial) son relativamente bajos, superando el 7% solo en el caso del liderazgo de equipos de trabajo, lo que indica la superación del estereotipo de que las mujeres están menos capacitadas que los hombres para desarrollar este tipo de roles en la sociedad. Por lo que respecta a las diferencias de género, no son relevantes.
Por otro lado, los porcentajes generales de respuesta para el caso de los roles tradicionalmente asociados a las mujeres (como cuidar mayores o familiares enfermos, y cuidar a los hijos pequeños) son más altos, puesto que el 35% de participantes piensan que las mujeres están más capacitadas para este tipo de tareas, confirmando así el estereotipo de que las mujeres presentan una mayor habilidad para los cuidados, siendo los hombres ligeramente más proclives a expresar esta opinión estereotipada sobre los cuidados.
3. Persistencia de estereotipos de género sobre los ámbitos profesionales, especialmente aquellos más feminizados
Finalmente, pedimos a quienes participaron en nuestro estudio que, para un total de doce ámbitos profesionales, señalaran si consideraban que eran más adecuados para el desarrollo profesional de hombres, de mujeres, o de hombres y mujeres por igual. El gráfico 4 muestra las diferencias de género en el porcentaje de participantes que declaran que cada uno de los 12 ámbitos son más adecuados para las mujeres.
De nuevo los resultados son ambivalentes, puesto que los porcentajes de quienes declaran que los ámbitos profesionales son más adecuados para las mujeres nunca superan el 15% del total de los participantes. Sin embargo, los porcentajes mayores se concentran en los sectores más feminizados tales como la sanidad, la educación, el arte o las tareas de oficina. Por lo que respecta a las diferencias de género, los hombres suelen mostrar visiones ligeramente más estereotipadas que las mujeres, especialmente en el caso del sector sanitario, y presentan diferencias estadísticamente significativas con las mujeres.
4. Conclusiones
Los resultados de la encuesta sugieren la persistencia de estereotipos de género en nuestra sociedad, sobre todo con respecto a los rasgos de personalidad que los/as ciudadanos/as atribuyen a hombres y a mujeres, aunque con algunos matices relevantes. Los hombres tienden a auto-identificarse en mayor medida con rasgos como el liderazgo y el emprendimiento, y las mujeres con rasgos como la empatía y la comprensión, confirmando así la teoría de los roles sociales (Eagly y Wood 2016). Cuando se pide a los participantes que identifiquen cada rasgo como más típico de hombres o de mujeres en la sociedad, los estereotipos afloran más claramente, sobre todo para el caso de las mujeres a las que se les asocia a cualidades tales como la empatía, la escucha o el afecto . Aunque las ideas convencionales de liderazgo masculino parecen estar disminuyendo entre las generaciones más jóvenes, a los hombres se les sigue asociando en mayor medida con funciones emprendedoras que a las mujeres. Pero tal vez el resultado más claro es la vinculación de las mujeres con tareas asociadas a los cuidados. Finalmente, los estereotipos de género se mantienen en el ámbito profesional, especialmente en los ámbitos más feminizados (como la sanidad o la educación).
Estos resultados indican que, a pesar de los avances en la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres en España, los estereotipos de género siguen influyendo en las percepciones y decisiones de los ciudadanos, lo que sugiere que aún queda camino por recorrer para interiorizar dichos avances. Superar los estereotipos de género tradicionales es, sin duda, una asignatura pendiente en nuestra sociedad.
5. Referencias
EAGLY, A. and S.J. KARAU (2002): Role congruity theory of prejudice toward female leaders. Psychological Review 109-3.
EAGLY, A. and W. WOOD (2016): Social role theory of sex differences. The Wiley Blackwell Encyclopedia of Gender and Sexuality Studies, ed. Nancy A. Naples.
ELLEMERS, NAOMI (2018): Gender stereotypes. Annual Review of Psychology 69.
TRAPNELL, PAUL D. and D.L. PAULHUS (2012): Agentic and communal values: Their scope and measurement. Journal of Personality Assessment 94 (1).
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El «cheque bebé» buscaba incentivar la natalidad, pero su efecto fue
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