La violencia de género –es decir, la violencia que se ejerce contra una persona por razón de su género o la violencia que afecta a personas de un género concreto de forma desproporcionada– puede adoptar varias formas: la más notoria de ellas, la violencia doméstica. El presente estudio se centra específicamente en la violencia física o sexual contra las mujeres adultas, que, junto a las chicas jóvenes, son las principales víctimas de la violencia de género. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 30 % de las mujeres a nivel mundial han sido víctimas de violencia física y/o sexual en algún momento de su vida. Abordar este problema es uno de los objetivos de desarrollo específicos de la Agenda 2030. También constituye una preocupación significativa a nivel de políticas sanitarias, pues es más probable que las víctimas de violencia de género sexual y física necesiten atención sanitaria para abordar las consecuencias físicas, ginecológicas y psicológicas de las agresiones sufridas que no la población general. Lo más preocupante es que en algunas circunstancias la violencia de género resulta ser fatal. Recientemente, un metaanálisis y un amplio estudio sistemático estimaron que la proporción global de mujeres de entre 15 y 49 años que alguna vez habían tenido pareja y habían sido víctimas de al menos un episodio de violencia física o sexual –o ambas– por parte de su pareja se situaba en torno al 27 %.
Según la macroencuesta sobre violencia de género realizada por el Gobierno español en 2019, el 21,5 % de las mujeres españolas de 16 años o más reportan haber sufrido violencia física, mientras que el 13,7 % refieren haber sido víctimas de actos de violencia sexual. Las conclusiones de esta encuesta ponen de manifiesto tanto la ubicuidad como la gravedad de la violencia de género física y sexual en nuestra sociedad. No obstante, también muestran que solo el 32 % de las víctimas de violencia de género física y sexual notificó el episodio de violencia a la policía o al sistema judicial, y únicamente un 6,78 % acudió a un centro de atención primaria. De hecho, la atención primaria debería desempeñar un rol clave en la detección de la violencia de género, pues las mujeres suelen acudir a los centros de atención primaria en algún momento de su vida para informarse sobre cuestiones de salud sexual y reproductiva, y las políticas sanitarias públicas implementadas recientemente en Cataluña y España tienen como objetivo último transformar la atención primaria en el punto principal para la detección y cribado de los casos de violencia de género.
Para abordar el problema de la violencia de género de un modo más eficaz, necesitamos identificar el mayor número de casos posible. Y para ello, uno de los primeros interrogantes que debemos responder es por qué las víctimas de la violencia de género se muestran reacias a reportar los episodios de violencia. Suelen esgrimirse dos tipos de motivos principales: los personales (vergüenza, miedo a represalias, dependencia económica, etc.) y los sociales (desequilibrio entre hombres y mujeres en las relaciones de poder, protección de la privacidad de la familia, culpabilización de la víctima, etc.). Sean cuales sean las razones por las que se da esa infranotificación de casos de violencia de género, el principal objetivo de este estudio es cuantificar el número de casos de violencia de género reportados al sistema de atención primaria y, a partir de aquí, tratar de reconstruir el iceberg completo de la violencia de género. Reducir la violencia de género es una de las principales preocupaciones políticas de numerosos gobiernos y organizaciones, y el análisis de las políticas adoptadas y las campañas que se vinculan a ellas pone de relieve la complejidad del problema y los sesgos de datos que impregnan cualquier debate sobre el tema.
En España, pocos estudios se han centrado en evaluar el impacto de las políticas o intervenciones políticas en la ocurrencia de episodios de violencia de género, y los autores no tienen conocimiento de que se hayan llevado a cabo análisis sobre el impacto que las intervenciones no políticas (como las campañas de formación) pueden tener en el registro de episodios de violencia de género. En el caso del presente estudio, al tratar de reconstruir el iceberg de la violencia de género, se hace evidente la importancia de tener en cuenta los eventos e intervenciones específicos que puedan tener un impacto en la violencia de género. En particular, el artículo evalúa el impacto de la implementación de campañas de concienciación entre los profesionales de la atención primaria, que empezaron a desplegarse a finales de 2019.
Durante el periodo de estudio, se llevaron a cabo dos actividades de formación presenciales en la región analizada. Estas dos actividades tuvieron una duración total de 10 horas (6 + 4), y se centraron en formar a los profesionales de la atención primaria en la detección y prevención de la violencia de género. Dado que estas y otras campañas y políticas se han implementado en los últimos años, resulta crucial evaluar su impacto en el número de casos de violencia de género efectivamente reportados.