Los ciudadanos tienen centenares de conocidos: compañeros de trabajo del pasado y de la actualidad, vecinos, cajeros del supermercado, padres del colegio de sus hijos y otras personas a las que saludarían o con las que charlarían un rato si se cruzasen con ellas por la calle. La mayoría de estas relaciones no son íntimas. Pese a ello, aunque es posible que cada lazo íntimo sea más importante que cada lazo no íntimo, la totalidad de los cientos de conocidos que tienen las personas ejercen un impacto real en su vida. Complementan los lazos íntimos, por ejemplo, prestando apoyo en situaciones de emergencia cuando los amigos y parientes cercanos están ausentes. También desempeñan funciones distintas a las de los lazos íntimos, como divulgar información sobre ofertas de empleo o pisos disponibles en el mercado y otras noticias que pueden ser de utilidad.
Además, los conocidos exponen a las personas a la vida de los demás y les muestran cómo viven otros grupos sociales. Por este motivo, investigaciones anteriores han sugerido que tener conocidos con unas condiciones de vida distintas puede aumentar la empatía y la solidaridad con otros grupos. Estas experiencias indirectas pueden influir en las opiniones políticas de las personas, al igual que lo hacen sus propias condiciones de vida y la información obtenida de la prensa.
Si todos los ciudadanos tuvieran unos círculos de conocidos que reflejaran la sociedad en general, estos ejercerían una influencia homogénea en las personas, por lo que sería más probable que expresaran opiniones similares acerca de la sociedad. Sin embargo, las redes de conocidos rara vez son tan diversas como la sociedad en la que están inmersas. Algunas personas están mucho más expuestas a determinados grupos sociales que otras, lo que puede contribuir a que sus percepciones de la sociedad sean distintas.
Una encuesta cara a cara y de ámbito nacional (1.500 participantes), llevada a cabo por el COALESCE Lab de la Universitat Autònoma de Barcelona y financiada por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, permitió investigar las redes de conocidos de personas residentes en España y relacionarlas con las opiniones políticas de estas para verificar tales supuestos. Se esperaba que las personas con unos ingresos familiares bajos apoyaran la redistribución económica y la protección social con independencia de quiénes fueran sus conocidos, y se preveía que las personas con unos ingresos familiares elevados estarían más a favor de dicha redistribución y protección si tenían más conocidos que cobraban un sueldo bajo o estaban en el paro. Curiosamente, sin embargo, los resultados difirieron mucho de lo esperado.