Estratificación social e integración de los inmigrantes en España
Andrés F. Castro Torres, Centre d’Estudis Demogràfics; Carlos Ruiz-Ramos, Universitat Autònoma de Barcelona
Proyecto seleccionado en la Social Research Call, 2022
A partir de datos representativos a escala nacional de 223.568 adultos, se identifican seis clases sociales. Estos datos permiten visibilizar los patrones de desigualdad y explorar el modo en el que las (des)ventajas sociales y económicas conforman las clases sociales en España. Se examina, también, cómo se integran los inmigrantes en estas clases sociales tomando en consideración las diferencias observadas según la región del mundo de la que proceden y si son inmigrantes de primera o de segunda generación. Los resultados señalan desigualdades significativas entre los ciudadanos nacidos en España, los inmigrantes, y los hijos de estos, y que cada grupo experimenta dichas desigualdades de un modo distinto.
Puntos clave
1
Las clases alta y media alta representan el 33% de la población en España, mientras que las clases media y media baja constituyen el 43%, y las clases baja y muy baja, el 24%.
2
Los inmigrantes conforman el 16% de la población estudiada y están presentes en todas las clases sociales, aunque en mayor o menor medida según su región de origen. No así los africanos, que están excluidos de las clases alta y media alta, y se hallan sobrerrepresentados en las clases baja y muy baja.
3
Hay una proporción significativa de la población nacida en España en las clases baja (77%) y muy baja (63%), lo que significa que la desigualdad social afecta de forma distinta a la población nacida en España y a aquella nacida en el extranjero.
Para poder examinar las desigualdades sociales contemporáneas, es fundamental comprender cómo se integran los inmigrantes en las sociedades de acogida. La integración comporta, entre otras cosas, participar en el mercado laboral, contar con ingresos suficientes, acceder al sistema educativo y disfrutar de unas condiciones de vivienda dignas. En Europa, las comunidades de inmigrantes siguen trayectorias distintas en estos ámbitos, sin llegar a alcanzar lo que podría considerarse una integración óptima.
Las diferencias en términos de crecimiento económico y los desequilibrios entre los países emisores y receptores de población inmigrante son factores clave de la movilidad internacional y contribuyen a las desigualdades sociales presentes en un país. En España, por ejemplo, el creciente poder adquisitivo de las clases medias y el aumento de las desigualdades de ingresos y riqueza a lo largo de las últimas décadas están relacionados con el aumento de la inmigración y las divisiones sociales. Estas dinámicas influyen en los patrones de integración en el mercado laboral, los ingresos, la educación y la vivienda, sobre todo entre los inmigrantes de las antiguas colonias en América Latina y los países africanos cercanos. Aunque en algunos casos los inmigrantes se benefician de su traslado a España, en otros, la experiencia migratoria da lugar a una mayor vulnerabilidad social y económica.
Por consiguiente, la población inmigrante dista mucho de ser homogénea. Los perfiles de los inmigrantes residentes en España abarcan desde grupos sumamente privilegiados hasta otros muy desfavorecidos. Los inmigrantes privilegiados suelen ocupar puestos de trabajo altamente cualificados/especializados y disfrutan de acceso a un empleo formal, seguro y bien remunerado, mientras que los desfavorecidos suelen prestar servicios esenciales, como atención personal, limpieza y tareas domésticas, a menudo en condiciones informales que, a su vez, limitan sus derechos, sus ingresos, el acceso a una vivienda y la movilidad social. Esta diversidad pone de manifiesto la existencia de distintas estrategias de integración que dependen de las desigualdades sociales existentes y que probablemente también las refuerzan.
Este artículo proporciona una evaluación empírica de cómo se manifiestan las desigualdades sociales y económicas en la estructura de clases en España y de cómo los inmigrantes de distintas regiones del mundo se integran en este sistema de clases.
1. El espacio social español y las clases sociales
Para la elaboración de este estudio, se han utilizado datos de la Encuesta de características esenciales de la población y las viviendas (ECEPOV-2021), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y representativa, a escala nacional, de la población española.
Los autores han empleado una técnica estadística multivariante, conocida como análisis de correspondencias múltiples (ACM), para resumir y representar visualmente las asociaciones de siete variables socioeconómicas entre individuos adultos (es decir, de 20 a 64 años; n = 223.568). Estas variables son: nivel educativo, empleo, ingresos del hogar, vivienda en propiedad y acceso a la vivienda, múltiples propiedades, tamaño de la población en el lugar de residencia y formación académica de los progenitores. El ACM muestra las asociaciones entre las categorías de estas variables. Así, la educación terciaria suele relacionarse con unos ingresos elevados, pero parece guardar una correlación negativa con el desempleo.
Un resumen de las correlaciones entre variables permitió agrupar a las personas en clases sociales; es decir, en grupos definidos por la confluencia de factores socioeconómicos. Así, por ejemplo, un trabajador agrícola de bajos ingresos que resida en una zona rural y sea propietario de su vivienda se agrupará con individuos que residan en zonas rurales o semiurbanas, tengan empleos elementales y sean propietarios de su vivienda. De un modo similar, estos individuos hipotéticos pertenecerán a una clase social distinta de la de un individuo altamente cualificado que trabaje en el sector tecnológico en una gran ciudad, tenga unos ingresos elevados y resida en una vivienda de alquiler.
Para comprender de qué modo difieren las condiciones materiales de vida entre estas clases sociales, el estudio compara las ventajas socioeconómicas en términos de empleo, acceso a la educación terciaria, ingresos y vivienda en propiedad en una submuestra de la población estudiada; es decir, entre adultos de entre 34 y 54 años de edad.
La clase social alta (C1) está formada, principalmente, por individuos con los niveles de educación más elevados, que concentran los empleos más cualificados. Más del 75% de las personas de la clase alta tienen empleo, educación terciaria, ingresos elevados y una vivienda en propiedad sin cargas financieras. Los progenitores de la mayoría de estos encuestados también poseen un alto nivel educativo, lo que sugiere una transmisión intergeneracional de la posición social. Por consiguiente, en esta clase social convergen los privilegios socioeconómicos.
La clase media alta (C2) y la clase media (C3) presentan unos niveles de empleo formal similares, pero unos niveles educativos y de ingresos más bajos en comparación con la clase social alta. Las tasas de vivienda en propiedad también son significativamente más bajas en el caso de la C3. En la C2, sin embargo, más del 60% de las personas disfrutan de unas características sociales y económicas privilegiadas. En cambio, el menor nivel educativo registrado en la C3 va acompañado de menores niveles de ingresos y de vivienda en propiedad. Menos del 25% de los individuos de la C3 tienen un título de educación terciaria y viven en hogares de ingresos altos. De un modo similar, solo la mitad de ellos tienen una vivienda en propiedad sin cargas financieras.
La clase media baja (C4) registra altos niveles de empleo formal y de vivienda en propiedad. En términos de ingresos, esta clase es similar a la clase media, dado que solo el 25% de las personas viven en hogares de ingresos elevados. Su característica más destacada es que prácticamente nadie de esta clase tiene un título de educación terciaria. Cabe destacar que la mayoría de las personas de esta clase social residen en zonas rurales, definidas como municipios de menos de 50.000 habitantes.
La clase social baja (C5) y la muy baja (C6) representan las poblaciones más desfavorecidas. Ambas deben hacer frente a las tasas de desempleo más elevadas: menos del 40% de los individuos pertenecientes a ellas tienen empleo y prácticamente ninguno cuenta con un título de educación terciaria. Esta clase social no incluye hogares de ingresos elevados y el 80% de sus miembros se sitúan en el tramo de ingresos más bajos (es decir, menos de 1.000 euros al mes). Estos factores dan lugar a las tasas de vivienda en propiedad más bajas y a las dificultades económicas más pronunciadas para acceder a una vivienda, ya sea de alquiler o en propiedad; en ambos casos, debe destinarse a ella más del 35% de los ingresos del hogar. En resumen, en estas dos clases sociales, las desventajas socioeconómicas coexisten y se refuerzan mutuamente.
2. ¿A qué clases sociales pertenecen los inmigrantes?
Hay inmigrantes en todas las clases sociales, pero la proporción puede variar sustancialmente según su región de origen. Así, por ejemplo, los inmigrantes africanos representan el 2,3% de la población estudiada y el 8,7% de la clase C6, lo que significa que están sobrerrepresentados en este grupo. En cambio, en las clases C1 a C3 ocurre lo contrario: los africanos están infrarrepresentados. En efecto, el porcentaje de inmigrantes africanos en las dos clases sociales superiores es prácticamente nulo, lo que significa que están excluidos de estas posiciones sociales.
En términos generales, los resultados muestran una variación en la composición de las clases sociales según la región de nacimiento. Las personas nacidas en España están sobrerrepresentadas en las clases sociales C1 a C4 e infrarrepresentadas en la C5 y la C6. Una característica común en las clases sociales C2, C3 y C4 es que la población nacida en España representa más del 85% de la clase social correspondiente.
A pesar de la sobrerrepresentación de los inmigrantes en las clases sociales bajas, los individuos nacidos en España constituyen la mayoría de los excluidos socialmente. Más del 65% de las personas de las clases sociales C5 y C6 han nacido en España, y al menos el 60% tienen progenitores nacidos en este país. Las personas de segunda generación están presentes en porcentajes similares en todas las clases sociales, con una ligera sobrerrepresentación en las dos últimas.
En el otro extremo del espectro, la infrarrepresentación de las personas africanas en las tres clases superiores implica que prácticamente están ausentes en los ámbitos sociales de mayor estatus. Las clases superiores no son accesibles para los inmigrantes africanos. Los inmigrantes de la Unión Europea muestran un patrón en forma de U en todas las clases sociales, lo que significa una sobrerrepresentación en las clases altas y bajas que refleja potencialmente las desigualdades existentes entre las naciones de la Unión Europea (por ej., flujos migratorios divergentes de oeste a este). Los porcentajes de inmigrantes de países de América Latina y el Caribe son similares a los de la segunda generación.
En conjunto, las clases sociales nos permiten desafiar empíricamente las narrativas simplistas que consideran a los inmigrantes como un grupo homogéneo en constante necesidad de asistencia social. Si bien los inmigrantes están sobrerrepresentados en los grupos socialmente desfavorecidos, algunas regiones de origen también están presentes en los estratos sociales medios y altos. A su vez, encontramos población socialmente excluida entre las personas autóctonas, lo que confirma la persistencia de las desigualdades sociales entre clases en la España contemporánea. Aunque el racismo desempeña un papel clave en la exclusión de los inmigrantes y los grupos de individuos no blancos, existen otros factores que contribuyen a las experiencias de inclusión y exclusión, tanto de la población autóctona como de la inmigrante, siendo la clase social uno de los más importantes.
3. La integración socioeconómica de los inmigrantes muestra un patrón heterogéneo, con una amplia variación de la clase social según la región de origen
Analizar los patrones de integración de los inmigrantes en los países de acogida es crucial para comprender la creciente complejidad y las nuevas tendencias en términos de desigualdad en las sociedades contemporáneas. El caso de España es especialmente significativo, ya que constituye el segundo país de Europa que más inmigrantes ha recibido en las últimas dos décadas.
Los recientes flujos migratorios hacia España se caracterizan por la amplia diversidad de los perfiles socioeconómicos, que comprenden desde grupos privilegiados hasta aquellos que deben hacer frente a sustanciales desventajas. Por consiguiente, el concepto generalizado de inmigración a menudo oculta procesos de integración divergentes, condicionados tanto por las características de la sociedad de acogida como por la heterogeneidad demográfica, socioeconómica y cultural de la población recién llegada.
4. Conclusiones
Este artículo ha proporcionado una medida de la confluencia e interacción entre las categorías de privilegios y desventajas sociales que constituyen la sociedad española contemporánea. En España, tanto la población autóctona como la nacida en el extranjero se enfrentan a los efectos de las desigualdades sociales, según ilustra la convergencia de las categorías sociales desfavorecidas. Dado que la población nacida en España es mayoritaria, un porcentaje significativo de individuos, tanto de los grupos socialmente privilegiados como de los desfavorecidos, han nacido en España. Sin embargo, los individuos nacidos en el extranjero, en particular los inmigrantes procedentes de África, están sobrerrepresentados en gran medida en las clases sociales desfavorecidas, mientras que están prácticamente ausentes en las clases sociales superiores.
Este estudio también confirma los resultados obtenidos por estudios anteriores sobre los inmigrantes de segunda generación en España. Aunque estos ocupan una posición social relativamente privilegiada en comparación con los inmigrantes de primera generación, su situación socioeconómica sigue siendo peor que la de la población autóctona, lo que sugiere una integración únicamente parcial y plantea cuestiones sobre la eficacia de las actuales políticas de redistribución.
5. Referencias
CANALES CERÓN, A. (2021): El malestar con las migraciones. Perspectivas desde el Sur (1.ª ed.), Anthropos.
CASTLES, S.; H. DE HAAS; M. J. MILLER (2014): The Age of Migration: International Population Movements in the Modern World (5.ª ed.), The Guildford Press.
En España, no todos los grupos inmigrantes son percibidos igual. Según este
estudio, el 35,9 % de los ciudadanos autóctonos declararon tener contactos
positivos con marroquíes, mientras que la cifra se incrementa hasta el 59,8
% en la relación con personas de origen latinoamericano.
Analizamos por qué España es uno de los países europeos en que el lugar de
nacimiento y los ingresos de los progenitores condicionan, en gran medida,
la renta de las personas.
¿De qué modo afecta nuestro origen a los salarios? Analizamos la evolución
de las trayectorias salariales de jóvenes autóctonos e inmigrantes entre el
2007 y el 2015.
Este estudio aporta datos empíricos sobre políticas de inclusión social en
España que muestran impactos significativos en empleo, apoyo social,
educación, competencias digitales y vivienda. Los resultados refuerzan la
importancia de diseñar políticas públicas basadas en la evidencia.
El «cheque bebé» buscaba incentivar la natalidad, pero su efecto fue
limitado. Aunque ayudó a algunas familias a decidirse, la dificultad para
conciliar trabajo y maternidad sigue siendo el principal obstáculo para
tener más hijos.
Las políticas de conciliación que refuerzan la estabilidad en el empleo
pueden contribuir a aumentar la fecundidad al mejorar la compatibilidad
entre trabajo y maternidad, aunque también plantean retos para la
contratación femenina.