El presente artículo aborda las diferencias en la desigualdad en carbono en España. Hemos señalado que las huellas de carbono del 1% de los principales emisores pueden ser hasta 7 veces superiores a la huella de la persona media. En cambio, aunque las personas mayores tienden a presentar huellas más altas que los jóvenes, las diferencias son pequeñas. Las diferencias en términos de renta y de riqueza son las principales responsables de las diferencias en huella de carbono.
El hecho de centrarse en las huellas individuales según la renta y la edad no significa que la intervención normativa no deba tener en cuenta los impulsores sistémicos de las emisiones de carbono, como la generación de energía, la producción industrial, etc. No obstante, sí que sugiere que quizá la política climática dirigida a los hogares deba ser más específica. En otras palabras, no está claro cómo hay que distribuir los esfuerzos para reducir las emisiones de carbono, ni cómo las personas que presentan las huellas de carbono más elevadas podrán reducir drásticamente sus emisiones de carbono en los próximos años. Por consiguiente, es posible que se precisen políticas económicas o reguladoras que aborden directamente estas emisiones.
Otra cuestión es el modo en el que la desigualdad en carbono afecta a la aceptación social de las iniciativas climáticas dirigidas al ciudadano medio. Así, por ejemplo, cabe la posibilidad de que los jóvenes o las personas con una huella de carbono menor consideren injusto que se les presione para que reduzcan sus emisiones cuando los principales contaminadores contribuyen de forma mucho más significativa al problema del cambio climático.
Con respecto a medidas políticas concretas, no se descarta que, debido a los problemas que hemos identificado anteriormente, la reducción de la desigualdad en carbono requiera la aplicación de una reforma del impuesto sobre la renta que se centre más en el contenido de carbono de los activos. Para hacer frente al envejecimiento de la población, podrían concederse subvenciones de mayor cuantía para ayudar a la gente mayor a renovar su casa, mientras que para los jóvenes podría fomentarse una movilidad más baja en carbono. Además, desde la perspectiva del cambio climático, también quedaría justificado suprimir determinadas subvenciones a los combustibles fósiles, como las destinadas a los viajes en avión con fines vacacionales, que constituyen una de las actividades más perjudiciales para el clima. Se trata, en todos los casos, de propuestas políticas novedosas y no está claro hasta qué punto contarían con el apoyo de la gente joven y de las personas mayores, ni, a decir verdad, hasta qué punto las desigualdades en materia de carbono en general preocupan a estos dos colectivos.